14 de diciembre de 2018

Fabula el Conejo Comelon

Hace mucho tiempo por aquí en el mundo,
Existió lo que llaman un conejo comelón,
Se disfrazaba muchas  veces de vagabundo,
Para meterse a comer en cualquier rincón.

Fabula el Conejo Comelon

Sus amigos casi siempre lo regañaban,
Le decían que estaba muy equivocado,
Que la imagen de todos empañaba,
Cuando se robaba en la calle algún bocado.


El reía sin parar a lo que le decían,
Y les decía lleno de mucho orgullo,
“Nunca salgo con la barriga vacía,
Y de lo malo siempre me escabullo”.

Alfrodo era el nombre de este conejo,
Que no tenía necesidad de robar,
Nadie entendía y le daban consejos,
Porque su vida podía maltratar.

Una mañana su mamá la coneja, 
Le dijo con un inmenso cariño,
Andan diciendo la señora oveja,
Que tú le robaste los aliños.

Con rabia respondió el conejo:
“No le robe nada a la oveja,
Esa señora ya ni ve de lejos,
O será que ya está muy vieja”.


Mama coneja que era muy querida,
Por todos los de la comunidad,
Le dijo “Ve y cuida tu vida,
Y no olvides nuestra buena voluntad”.

Pero aquel día el pobre Alfrodo,
Se llevaría una gran sorpresa,
Cuando intentó robarse todo,
Lo que estaba sembrado en la represa.

Allí estaba una hermosa siembra,
De Gregoria la Oveja policía,
Que por supuesta nunca estaba de día,
Y de noche ella era medio ciega.

Para él era una gran tentación,
La siembra que tenía doña Gregoria,
Había  piñas, frambuesas y limón
 Y casi dos hectáreas de zanahorias.

Su amiga la buena ardilla le advirtió,
Que  no intentará entrar por la puerta,
Porque un espantapájaros ella vio,
Cuando apenas dieron la vuelta.

El conejo Alfrodo hizo caso omiso,
De todas  estas  advertencias 
Se metió por un hueco en el piso
Y entró a hacer su diligencia.

No había dado siquiera cinco pasos,
Cuando sintió un ruido en el matorral,
Alguien dijo, Nos quieren robar,
Y se le apareció una cara de payaso.

Se imaginarán que Alfrodo el Conejo,
En este momento se quedó congelado,
No escuchaba siquiera algo a lo lejos,
Ni podía voltear para ningún lado.

El payaso se le vino muy encima,
El cuerpo solamente le temblaba, 
Las piernas eran como una gelatina,
Y con la boca solo balbuceaba.  

Por todos lados se escuchaban risas,
Y sus amigos comenzaron a aparecer,
Alfrodo tenía sudada su camisa,
No entendía, ni lo podía creer.

“Fue una broma que te jugamos”
Le dijo duro su amigo el pato,
Y una lección que te damos,
Además de pasar bien el rato.

No solamente sus amigos estaban,
También vino ese día su mamá,
La cual agarró y se puso  a llorar,
Cuando vio lo que a su hijo le  pasaba.

Alfrodo se puso triste y sin alegría,
dijo a su mama con seguridad,
Te prometo que hoy fue el último día
Que me verás haciendo esta maldad.

Desde aquel día en el reino animal,
De Alfrodo nadie se queja,
Al contrario no permite ni siquiera deja, 
Que alguien vuelva a robar.

Moraleja: No hay necesidad de hacer el mal a nadie, cuando lo hacemos alguien que nos quiere sufre mucho.